Posted by: siembramor | February 12, 2013

Homenaje a Eloína Rosado

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Eloína 2

Casita Eloína 1

Una vida manifestando su Amor a través del Servicio

Por: Mary Miranda

En estos días asistí a un emotivo homenaje organizado por Idalia Burgos, Milagros Febus y un grupo de amigos de Eloína de Orocovis en las facilidades recreativas del Barrio Damián Abajo. Eloína falleció unos meses antes en el 2012. La selección del lugar para depositar sus cenizas y el sembrar una ceiba junto a ellas a la orilla del rio Damián fue muy acertada. Eloína era un ser que manifestaba su Amor compartiendo su sabiduría y a través del servicio voluntario. Conocí a Eloína en los años noventa. Nuestro primer lazo, y lo que provocó la amistad fue una niña índigo que conocí por otros canales y a la que ella atendía como sicóloga; la madre pensó que debíamos conocernos y así ocurrió.

Me invitó a su casa cuando ella residía en una casita como salida de un cuento de hadas en un lugar muy remoto de Orocovis. Allí pasábamos largas horas hablando sobre la vida y sus misterios e intercambiando relatos de nuestras historias personales. Siempre sentí que Eloína había nacido fuera de época y que su forma de pensar no encajaba con la forma de pensar la gente común, algo que me identificaba mucho con ella.

Eloína nació en Pennsylvania y pasó su niñez y juventud en Manhattan; sus padres eran puertorriqueños. Contrajo matrimonio y tuvo dos hijos a los que dedicó muchos años de su vida. Además de dedicarse a su hogar, entre otras cosas llegó a ser maestra de escuela elemental, doctora en Metafísica, dueña de una tienda de antigüedades, y actriz en un teatro de Broadway. En un momento de su vida cuando sus hijos ya eran jóvenes, entendió que a pesar de su bienestar material su matrimonio era disfuncional y se divorció después de treinta y cuatro años de matrimonio. Este cambio significaba dejar su lujoso hogar en una privilegiada zona de Nueva York. Confiando en su intuición y sospechando que la esperaban cambios fenomenales más allá de toda imaginación, se lanzó a la aventura de una vida en libertad. Se fue a servir a los Cuerpos de Paz y vivió seis años con los indígenas en Guatemala. Cuando los otros voluntarios dejaron perdido el proyecto de establecer una escuela para indígenas ella se quedó y lo terminó con su propio dinero; fue voluntaria también en Corea del Sur y en Chile.

Eloína amaba la aventura y el conocer otras culturas, así que decidió utilizar el dinero que obtuvo al terminar su servicio con los Cuerpos de Paz para viajar alrededor del mundo. Llegó a Puerto Rico en el 1974 porque deseaba integrarse a la cultura de Puerto Rico para conocer mejor el país en que nacieron sus padres. El proceso no fue fácil y le provocó un intenso choque cultural que analizó toda su vida. A Orocovis llegó montada en una motora a los pocos días de estar en la isla con alguien que conoció en el Viejo San Juan y que le habló bien del pueblo; según ella su corazón le dijo que debería considerar establecerse allí y fue a explorar esa posibilidad. Vivió al principio en una casa de campaña al lado del rio pagando una modesta renta por utilizar el terreno que posteriormente adquirió. Al principio, debido a la ignorancia de los vecinos del barrio fue acusada de loca y bruja por su estilo de vida y sus ideas diferentes. En ese mismo barrio trabajó de maestra y creó posteriormente un grupo de amigos que conservó por el resto de su vida.

Cuando la conocí ya vivía en una casita de madera antigua que había en la propiedad; la remodeló y convirtió aquel lugar en un pequeño paraíso. Ella tenía ese don, los lugares en donde vivía por más sencillos que fueran, los convertía en lugares acogedores y encantadores. A mí me gustaba visitarla y examinar todos los objetos que la rodeaban porque estaban llenos de historias fabulosas y cada uno de ellos tenía un profundo significado para ella. Y a la hora de compartir con uno su comida ni se diga, uno pensaba que era servido como un rey; no olvido aquellos spagetti con aceite de oliva, ajo, cebolla y pedacitos de pimientos que me preparó una vez como única comida, los disfruté como el más delicioso manjar. Pienso que era el amor que ponía al recibir a uno y al hacer sus cosas, pero también sospecho que había un grado de magia en todo lo que hacía. Una vez la visité con mii amiga Tita aliceay nos invitó a ser su cómplices para comernos el que según ella era “el mejor mantecado del mundo y el más caro”, se lo compró porque ella se lo merecía, era de doble chocolate y en realidad sabía delicioso; desde entonces cuando tengo deseos de comer mantecado me compro el mejor.

Eloína dominaba muy bien varios idiomas. Con su actitud de no envejecimiento, después de los 70 años se graduó de Doctora en Sicología. Abrió su propia oficina, y su mayor interés eran los niños índigos porque según decía, estaban muy adelantados a sus tiempos y no eran comprendidos. Recuerdo además que no le agradaba que le dijeran vieja porque pensaba que era joven de corazón y pensaba que las personas le daban un significado negativo a la palabra. Durante su vida ofreció numerosas conferencias y tertulias sobre el tema de la vejez y de su visión sobre esta etapa en la que según ella las personas tienen mucho que ofrecer al mundo y la sociedad no les brinda la oportunidad. En sus últimos años brindó servicio voluntario como abuelita en una escuela, compartiendo con muchos niños su amor y su sabiduría.

A nosotras nos unía nuestra visión metafísica del mundo y la intención de vivir profundamente esta experiencia de vida; también nos ayudábamos mutuamente en el análisis y corrección de los temas de nuestros libros Hija de la tierra caminando en la luz y Despierta, todo está en ti antes de publicarlos. La interesante historia de su vida la podemos leer en su libro, es básicamente su autobiografía.

Eloína transformaba los lugares y las personas que pasaban por su vida; al mismo tiempo que transmitía su sabiduría, estremecía, retaba, y nos provocaba para que fuéramos mejores seres humanos y que viviéramos a la altura de nuestra dignidad como seres libres, espirituales y divinos. Es imposible olvidar a Eloína, y es difícil escoger cual historia contar porque cada encuentro con ella era una aventura y un proceso de aprendizaje; en mi interior siempre reconocí que estaba ante una gran Maestra. Ella aún vive en un rincón del corazón de cada uno de los que tuvimos el privilegio de su amistad.


Responses

  1. Mar los que hemos tenido el placer de conocerte sabemos la persona tan increíble que eres, gracias a tus relatos das a conocer a muchas personas y a miles de kilómetros lo gran persona que debía ser la Señora Eloina.
    Un saludo a todos

  2. Gracias Pedro por seguirnos desde Mallorca, eres parte de Siembramor.

  3. haci mismo es yo conoci a Doña Eloina desde mi niñez a penas yo tenia 2 añitos cuando ella llego a mi barrio creci junto a ella ,fue mi maestra,en primer grado,viaje a muchas partes de la isla con ella y trabaje en la guaguita q ella vendia antiguedades en el estacionamiento publico del pueblo de Orocovis.bueno tengo tantas abnedotas de ella q si empiezo a contar nunca termino,ella para mi era fue como una abuelita en mi niñez y una gran amiga en mi juventud.ella siempre estara en mi corazon.Love you Eloina.

    • Bellos tus comentarios, gracias por compartirlos; Mary

  4. Curiosamente tengo una buena amiga que me presto el libro, pues me contó que le gustó mucho. Comencé a leerlo y casualmente en el pueblo de Orocovis, donde por cosas del destino me encuentro pasando los días. Me he sumergido en sus aventuras y ha sido un deleite trasportame a sus días, aquellos que narra.


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